Archivos para noviembre, 2013

Creo que no soy el único a quien le cae como un batido de plomo el tal Justin Bieber. No es nada personal, como mismo no lo soporto a él, tampoco a la sesohueco de Paris Hilton y no es por su cara, sino por que los considero unos embajadores de la banalidad, estandartes de lo artificial embarrado de mermelada de frambuesa que constituyen un brillo cegador del éxito de la mediocridad. Como me decía mi hija hace poco: “lo que me molesta no son ellos como personas, sino que los han convertido en algo que no son y me quieren convencer de que lo son”. Y tiene razón. Quien me quiera acusar de envidioso porque no tengo el dinero que tienen ellos, adelante, que lo haga.

Pues todo lo que hace o deja de hacer Justin, como toda figurilla pública de su tipo, es seguido con ansiedad por sus fans, en su mayor parte histéricas adolescentes con nulo oído musical.

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Detrás de él zumban los papparazzis y demás fauna del mundo de la lentejuela. Ya en su última gira por Latinoamérica los escándalos (muchos de ellos asumo que son trucos publicitarios) se suceden uno tras otro. En los escenarios Justin ha saltado, chillado, vomitado, recibido un botellazo de plástico y muchas otras cosas. Pero el escándalo mayúsculo lo han montado los argentinos. Los titulares claman venganza afirmando que ofendió a la bandera argentina, que limpió el suelo con ella, otros piden a gritos que sea declarado Persona non grata en la Argentina además de cubrirlo de insultos. El cantante se ha excusado y afirma que le pareció que era una remera (pullover) pues junto a ella había un sostén y otras cosas que habían sido envueltas y según tengo entendido, hay un contrato que le impide mostrar objetos (específicamente del tipo íntimo) por tratarse de un público principalmente menor de edad.

Por mal que me caiga el puñetero chiquillo, creo que en vez de arrojarse como fieras sobre Justin Bieber, los argentinos deberían primeramente preguntarse por qué son sus propios jóvenes quienes usan su bandera para envolver ajustadores y lanzarlas como si fueran trapos al escenario. Es aún peor que la actitud del cornudo que quiere matar al que se acostó con su mujer mientras a ella no le dice nada.

axl-roseDeberían refrescarse la memoria y remontarse unos veinte años atrás, cuando encolerizados extremistas azuzados por la prensa amarillista afirmaban que “los malditos yankis” de Guns and Roses habían pronunciado frases despectivas hacia Argentina y que habían quemado una bandera, todo lo cual era mentira, un rumor malintencionado propagado por alguien en la red. Finalmente el concierto de Guns and Roses fue un éxito y solo los medios más extremistas seguían insistiendo en la supuesta quema de la bandera y en maldecir a los “odiosos yanquis”. En esos años yo vivía en Cuba y recuerdo que la prensa se hizo enseguida eco de las mismas mentiras contra Guns and Roses, solo por el hecho de que son de donde son y el régimen cubano le tiene manía a los del norte. Con tal de decir algo en contra de EEUU, todo vale.

Justin Bieber no le llega ni al zapato a Guns and Roses pero tiene consejeros, representantes y asistentes de imagen pública que le dicen qué debe hacer y qué no. Este muchachito será una imitación de cantante, tendrá carita de jeva, pero no puede ser tan completamente imbécil como para limpiar el piso de manera intencional con la bandera del país donde está dando conciertos, como mismo Axl Rose no fue ni es un idiota para hacerlo. Porque además, esa es la incógnita. ¿Qué motivos pudo haber tenido Axl Rose para hacer algo tan idiota como quemar una bandera del país que va a visitar echando por tierra toda lógica de imagen pública y asumiendo una pésima publicidad? Pues ningún motivo. Jamás lo hizo ni siquiera lo pensó. A los músicos de Guns and Roses como a toda la gente con dos dedos de frente, les pareció ridículo que alguien pudiera creerse aquello.

Una vez más vemos un tipo de argentino desgraciadamente muy extendido, de esos que dicen “esto es una mierda”, odio esto”, “odio lo otro”, que echan mano a la histeria patriotera, de esos que tienen la mala costumbre de creerse el ombligo del mundo y dan importancia a lo que al final no la tiene. Cuando veo situaciones como ésta es que me queda claro cómo pueden muchos pasarse la vida quejándose, culpando de todos sus males a los “odiosos yanquis” mientras aplauden las estupideces de Maradona y mientras sus propios gobernantes, corruptos hasta el tuétano, los mangonean como quieren, eso por no decir la frase que tengo ganas de decir.