EL SPAM

Publicado: agosto 12, 2013 en Uncategorized
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¡Qué recuerdos me trae el Spam! En Cuba yo solía comerlo con galletas (me gustaba más que con pan) y hay que reconocer cuanta hambre le mató a los cubanos durante unos cuantos años. A pesar de eso, era a veces mirado despectivamente al ser comparado con el inaccesible jamón, que ese no lo había ni en los centros espirituales. Y es que como todo en la dinámica socialista cubana, un producto llegaba, se adueñaba de los paladares de la gente y cuando ya no querías ni verlo de lo repugnado que estabas de comerlo mañana tarde y noche, desaparecía como por  encanto. Para hacer justicia a los detractores del Spam, hay que reconocer que siempre comíamos el de peor calidad en el mercado mundial, ya fuera ruso, chino o búlgaro y no eran pocas las veces que sonaba aquello de “¡cojones! ¡¿Otra vez Spam?!”, para al cabo de un par de años escuchar: “¡Coño, lo rico que era el Spam!”. Yo solía imaginarme a un infeliz chino molido y prensado cuando abría aquellas latas de nombre Ma-Ling que en ocasiones despedían un audible siseo al dejarnos descubrir sus secretos.

Pero creo que la peor injusticia cometida contra ese alimento enlatado ha sido robarle su noble nombre para otorgárselo al envío masivo de material no deseado por correo electrónico, esa hemorragia de mierda que recibimos en nuestra bandeja de entrada.

Para mí el fenómeno de este usurpador spam es relativamente nuevo, lo conocí en el 2001, ya con casi 40 años en mis costillas porque yo vivía en Cuba. Allí no hay internet para el ciudadano de a pie y la gente se había vuelto tan poco creativa que no usaban señales de humo para comunicarse.

Solamente al abandonar el paraíso proletario pude conocer “cara a cara” a ese spam irritante, invasivo e insistente. La primera vez me llegó en forma de una carta sumamente intrigante escrita por un supuesto hijo del ex-rebelde y dictador congoleño Laurent Kabila. En la misiva me pedía ayuda a mí (un muerto de hambre recién llegado de Cuba) para recuperar una fortuna dejada a él por su malogrado padre en forma de dólares y diamantes y para ello solamente necesitaba mi número de cuenta bancaria y etc, etc.  Siendo yo más ignorante o un poco más bobo de lo que suelo ser, me habría deslumbrado con los destellos imaginarios de mis manos llenas de diamantes pero como en esta vida he aprendido que el 99% de las ocasiones nadie te envía una carta así y te trata con tanto respeto si no es para darte por el culo después, la deseché. En los días siguientes ya entonces trabé conocimiento con todas las variantes del dichoso spam, algunas más como la carta anterior o con el mismo estilo y que son conocidas como “fishing”. Los honrados pescadores que se ganan la vida desde antes del amanecer deben estar cagándose en la progenitora del que escoge estos nombres o términos. Mi correo gratuito de Yahoo pronto comenzó a llenarse de ofertas para alargarme el pene, a tal punto que ya yo estaba empezando a acomplejarme y a medírmelo con una regla. Junto a las fórmulas de crecimiento, toneladas de ofertas de Viagra. Por mi pantalla comenzaron a desfilar hermosas rusas de dorados cabellos y tetas exuberantes que según se afirma, “sienten una fuerte atracción por los hombres occidentales” (imagino que particularmente los que ronden los 80 años, con cartera abultada y al borde de ponerse el traje de madera).

Pero he de reconocer que los más irritantes son esos correos conocidos como “cadenas”, que es un fenómeno muy latino, donde siempre hay una historia de un o una infeliz que se está muriendo o alguien que necesita que recen por el un Padrenuestro y lo más jodido no es eso, lo más jodido es que vienen acompañados de historias de gente que por no seguir la cadena, o sea, por no seguir enviándosela a los demás y hacerles la vida un yogurt con esas idioteces, se les torció un tobillo al borde de un barranco, se le murió la única cabra, alguno de sus parientes cantó el Manisero (que se despidió de este mundo) o que perdió una cantidad considerable de dinero, un buen trabajo o un viaje planeado. Aún hay gente amiga que me los ha seguido enviando y no me han dejado otra opción que enviarlos directamente al poco glorioso Junk Mail con la consecuencia de que a veces pueden enviarme algo realmente importante y yo no lo recibo. Es en momentos así cuando viene a mi memoria la imagen del injustamente olvidado Spam que ya se nos salía hasta por los oídos.

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